La tramontana puede llegar sin avisar. Lleva cortavientos, guantes finos y una braga de cuello que selle escapes de frío. Mantén perfil bajo en crestas, evita bordes tentadores y refuerza gorras o sombreros para no perseguirlos campo a través. El viento, lejos de fastidiar, despeja la cabeza. Acepta su juego: camina corto, respira hondo, mira cómo las nubes corren como rebaños inquietos. Al final, las preocupaciones adoptan tamaño manejable y vuelves con ideas ordenadas.
Cuando llegas al faro antes de que abra el restaurante cercano, el lugar parece parlamento de sombras. Apoya la mochila, siéntate de cara al este y permite que la primera línea de luz toque párpados cerrados. No necesitas más. Si alguien llega, regálale un saludo leve y conserva el silencio, como si fuera un mantel extendido para todos. Después, apunta en tu cuaderno una pregunta que el amanecer te ayudó a formular. Compártela con nosotros cuando regreses.